domingo, 22 de febrero de 2009

son las siete y cuarto de la mañana

Son las siete y cuarto de la mañana, acabo de levantarme y me arrastro hacia la cocina para preparar café. Con movimientos pausados y eternos deslizo mis manos por el banco de la cocina en busca de la pequeña cafetera, el bote de café, la cucharilla.. lo de todos los días.

La pongo a fuego muy muy lento, me dará tiempo a ducharme rápidamente, volver y salir pitando al trabajo, no sin antes ir a darle un beso de buenos días.

En un movimiento inesperado me rasco la barbilla y llega a mi nariz un aroma bien conocido, me estremezco, me bloqueo. Es el aroma de su sexo. Cierro los ojos y golpean mi cabeza los destellos de su cuerpo desnudo, mis manos aferradas a el, ha sido una noche de búsqueda y encuentro. Empiezo a deleitarme con los jugos que se producen en mi boca, mi mente empieza a trabajar, a estudiar la manera de llegar tarde a la oficina, estoy decidido a cambiar el rumbo de la mañana. Muy posiblemente me llevaré un buen puro en el trabajo, pero lo tengo claro y a cada instante que pasa e imagino como voy a despertarla....sonrío.

Me voy a la ducha con las dos manos pegadas a mi cara, no huelen igual ya que cada una se fue por caminos distintos, me chifla como sabe su clítoris, sus labios , los de arriba y los de abajo, sus nalgas y sus aromas prohibidos, sus axilas y ese perfume tan femenino, el de frasco y el que viene producto de sudores fríos. Alcanzo a recordar que dormi abrazado a su espalda con parte de mi dentro de ella. Tras el trámite de la ducha me voy directo a la habitación, apenas entra luz por la ventana y juego con la ventaja de que mis ojos pronto se acostumbran a la oscuridad. Distingo su silueta quieta , dormida y apenas brillante. Existen pocos placeres que superen el conocerse dueño de una hembra, en vida y en sueño, y ahora deseo corresponderla como se merece, despertarla e incitarla a pecar, a reactivar sus ganas de vivir algo diferente, sin normas estrictas, sin reproches ni márgenes de maniobra. Me siento en la cama pegado a ella, deslizo mi mano por su largo cabello que con la misma actividad que una enredadera busca alimento allá en las zonas humedas de su cuerpo. Mi mano sigue el mismo curso dejando caricias por toda su espalda hasta llegar abajo mientras vigilo no violentar apenas su sueño. La curva al final de su espalda me obliga a levantarme, voy en busca de su sexo y debo abrir camino. Me levanto para ponerme al pie de la cama y dejarme caer lo justo para que mis manos, mis labios y mi lengua trabajen. Apoyo mis manos sobre sus nalgas y abro el fruto lo justo para se note el roce al pasar. Me vuelve loco sentir la fuerza de mi lengua abriéndose paso hasta llegar a la semilla del mal. Ahora mis labios besan los suyos y las primeras reacciones se hacen llegar, Ella, la hembra dormida , se retuerce ligeramente, sus piernas quieren replegarse, ha sentido algo extraño en su seno y yo a aquellas les obligo a obedecerme. Introduzco mi lengua, me empapo de su aroma, mi cara esta pegada a sus nalgas, a su coño caliente. Una mano inesperada pega mi cara a su cuerpo, esta despertando, su parte inconsciente sabe lo que quiere y me lleva, me obliga, me retiene. Con la violencia del que pretende hacerse dueño levanto la cabeza para confirmar su despertar, cruzamos miradas, sonríe con sus ojos hinchados para decirme:

-¿no estarás pensando en llegar tarde?

-acabo de llamar al jefe, le he dicho que me he levantado con fiebre.

-no has llamado a nadie mentiroso pero sigue no pares.

Con mas ímpetu me abalanzo como un lobo hambriento devorando la jugosa carne de mi presa. Ella sabe lo que quiero y se da la vuelta para ofrecerme una nueva visión, un nuevo ángulo de ataque con el que llegar mas hondo dentro de su ser. Y se sabe ganadora porque acabará poniéndose encima mía, limitando el aire con el que yo pueda respirar, es mi perdición cuando su sexo me oprime, cuando su sexo se convierte en la mordaza mas eficaz. Cabalgando sobre mi boca, oprimiendo con la fuerza de su cintura , cada vez me cuesta mas respirar y con sus ojos irradiando poder y lujuria me permite unos segundos de descanso para volver de nuevo a la carga, a por mi voluntad. A mi modo yo también me se ganador y doy fe de ello cuando percibo ese giro tan genuino de sus caderas, se esta corriendo literalmente en mi boca y se deja caer hacia atrás agarrándose a mis piernas, marcándolas con la fuerza de la hembra que ha llegado lejos…al climax.

-mmm..delicioso, ¿no te dije buenos días?

-me parece que no, creo que te toca llamar a mi jefe.

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