He tenido varios veranos que han marcado mi existencia y aquel del 94 quiso ser protagonista de mi huida más sonada, después ya no he tenido escapatoria o no he querido buscarla.
Mi vida giraba entorno a las drogas. Sin sexo ni rock and roll, los amigos tiraban mucho y junto con ellos encierro a todos los banquitos que en un parque de mi barrio nos daban asiento día tras día, noche tras noche. La gran fumata blanca se repetía a diario y no justificada por estar en tiempos de paz. Esta paz que solo se alteraba por la cocaína que entraba casi a diario por el apéndice cyranesco que me caracteriza y que fue la detonante de que algo tenía que hacer con mi vida.
Decidí largarme todo el verano, la idea ya venia rondándome la cabeza desde hacia tiempo, con lo que planteé a todo el profesorado que me adelantaran los exámenes y así sucedió. A primeros de junio ya estaba cogiendo el barco, con mi bicicleta, mi vespino y sólo dos manos.
Llamaremos suerte al encuentro con aquel tipo que conocí y que di por chalado en un primer momento viendo como se desenvolvía a grito pelado con las azafatas del barco, mas tarde fue compañero de habitación en palma y obviamente los dos brazos que me faltaban. Sobre como acabé con el, con una deuda perpetua a mi favor de 8.000 pesetas..tal vez sea parte de otra historia.
En efecto, decidí hacer las Baleares ya que las Américas se me quedaban algo grande. Además la empresa tenía un carácter mas espiritual que emprendedor y los hechos al final dictaron sentencia. De tres meses y medio trabaje si no recuerdo mal veintidós días.
El primer trabajo fue en una pizzería regentada por un valenciano, el paisano dio por bueno mi currículum verbal resaltando mi experiencia como pinche de cocina pero con la mala suerte que al primer día de trabajo se descubrió que mi experiencia como tal estaba algo mas que abultada y se remató encontrándome con un mamón de jefe cocina que me pinchó y pinchó hasta que se salió con la suya, supongo que el paisano no le costo elegir a quien tirar, su currículum venía contrastado. Tampoco ayudó que me pillara fumando entre fogones, todo sea dicho. Esto ocurrió a la segunda semana de estar allí, continuaba hospedado en una habitación del centro de Palma y así continuó por mas de un mes, tiempo en el que no saboree ni un mísero plato caliente. Sin ser consciente se estaban trazando las líneas maestras de mi viaje.
No puedo recordar en que momento la situación económica se fue al traste, ni tampoco recuerdo como se fue el siguiente mes de mi cartera de viaje, pero en pleno verano buscando trabajo se rompió la vespino a unos 15km de la ciudad y decidí ir a recogerla un sábado a ver si algún repartidor me echaba un cable.
Así fue, pude constatar que mi cara de perro pachón surtió efecto y un buen hombre aceptó remolcarme la moto a condición de acompañarle todo el día por la isla repartiendo pescado, al finalizar el día tuve el mejor premio que recuerdo, después de un mes sin probarlo, saboree un plato caliente, nada menos que medio pollo con patatas.
Solo me viene a la memoria haber experimentado un placer superior y fue unos años después perdido entre montañas, sediento por largas horas, el encuentro con un abrevadero para animales...
un lugar de paso apenas frecuentado, un cruce de caminos por determinar , un retiro virtual para los hastiados, incluso quizás puestecito de dulces y palomitas evocando a un lejano pasado...... Zona fronteriza de mi existencia...

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